DOS MUNDOS DISTINTOS por Lucila A.
Santiago lo tenía todo. Una casa grande, muchos juguetes, amigos, iba al colegio… nada le faltaba. Por otro lado, Tomás, con mucha suerte podía comer una vez al día, y si lo hacía era afortunado. Éste vivía en una casa humilde en un barrio muy pobre con su mamá y cuatro hermanitos más. Él con sus 10 años era el mayor. Ninguno de sus hermanos iba al colegio, sólo él.
La casa donde vivía Tomás y su familia quedaba muy cerca de un barrio muy caro, con casas enormes y muy lujosas. Todos los días él pasada por ahí para mendigar, con esas monedas compraba pan; y observaba con mucha envidia esas mansiones. Él deseaba vivir en una de esas, se conformaba con la más pequeña de todas, que aún así era gigantesca.
En ese lujoso barrio vivía Santiago, también de 10 años. Un niño muy caprichoso. Vivía con su madre, su padre y su abuela. Sus padres no estaban mucho en la casa ya que trabajaban todo el día, y Santiago y su hermanito de 3 años pasaban la mayoría del día con su abuela. Cuando papá llegaba del trabajo, les regalaba un juguete nuevo a sus hijos. Y cuando no lo hacía, Santiago se enojaba.
Un día los dos niños, Santiago y Tomás salieron a jugar a la vereda. Se encontraron y comenzaron a hablar. Hablaron de su vida, su familia, el colegio. Tomás se sorprendió al escuchar lo que su nuevo amigo le contaba acerca de su colegio, sus juguetes, su casa… Santiago también se sorprendió. Los dos eran de dos mundos distintos, y se dieron cuenta.
No le dieron mucha importancia y comenzaron a jugar.
Al pasar la hora y media, la mamá de Santiago, que lo observaba desde el balcón de su casa, lo llamó a almorzar. El niño fue corriendo y desde la puerta de la casa le preguntó a su mamá si podía invitar a su nuevo amigo a comer. Ella aceptó muy contenta, bajó a la puerta y salió afuera de la casa. Le dijo a su hijo que le presentara a su nuevo amigo, que se escondía tímidamente detrás de un árbol. Al verlo, la madre de Santiago le dijo en secreto a su hijo – Hijo, mejor dile a tu amigo que vuelva a su rancho. Santiago, enojado de no poder invitar a Tomás, le repitió lo que su madre le había dicho. Y los dos se fueron a sus casas.
Tomás estaba muy triste. Santiago también, pero más que nada enojado. Mientras almorzaban, su madre le explicó a Santiago que Tomás pertenecía a otro mundo, que no era de su clase, y que no debía juntarse con esa clase de personas.
Al día siguiente, la madre de Tomás, muy enojada por lo que su hijo le había contado, fue con él a tocar timbre a la casa de Santiago, para hablar con su mamá. Ella atendió a la puerta, y al ver a la mujer en su puerta, con esa ropa vieja y el pelo sin cepillar, supuso que iba a mendigar, y le dijo – Lo siento, no tenemos nada para darle. Y le cerró la puerta en la cara.
La madre de Tomás volvió a tocar la puerta, y le explicó, muy educadamente, que no iba a mendigar. Le dijo quién era y le contó lo que Santiago le había dicho a su hijo. Le dio a entender que era su responsabilidad que el chico haya dicho eso, que no era culpa del niño. La mamá de Santiago no supo qué decir. Estaba muy avergonzada. Luego de un rato de silencio le respondió – Mi hijo y el tuyo no son amigos, así que no tiene por qué preocuparse. Luego de haber dicho eso, Santiago se asomó a la puerta en pijama y con los pelos parados y dijo – Ma ¡gracias por invitar a mi amigo! E invitó a pasar a Tomás a jugar. La mujer de la casa parecía muy disgustada, pero no dijo nada. Las dos madres se quedaron discutiendo en la puerta el hecho de que sus hijos fueran amigos. La mamá de Tomás, que era una mujer muy buena, le explicó que no había que juzgar a las personas sin conocerlas, que a pesar de no tener dinero ellos eran muy buenas personas, y que sus hijos podían ser amigos.
Al final todo terminó bien, las madres se amigaron, los niños continuaron con su buena relación. Y lo mejor fue que la mamá de Santiago aprendió la lección, se dio cuenta de que no estaba dándole un buen ejemplo a su hijo discriminando. Y a partir de ese día dejó de prejuzgar a la gente por sus apariencias.
Sentirse solo por Camila B.
La familia de Agustín vivía en una linda ciudad, con una gran casa y muchos amigos. Su padre tenía un buen trabajo en el centro de la ciudad, le iba bien. Agustín y su hermana, Inés, tenían muy buenos amigos en la secundaria, con grandes notas... Pero un día llega su padre diciéndoles que le ofrecieron un trabajo en Francia donde iban a estar mejor económicamente, iban a ir a un colegio más importante y con mejores características. Aunque ellos vayan a un mejor colegio no se querían mudar a otro país porque tenían unos grandes amigos en la secundaria y su hermana ya estaba por terminar el colegio porque le faltaba un solo año.
Cuando la familia decidió irse a Francia, Agustín se fue a despedir de sus amigos, del colegio, la casa, la ciudad, etc. La verdad, que el no se quería mudar porque sabía que iba a extrañar todo y a todos. Pero el padre logro convencerlo diciéndole que además de los amigos que tiene acá, va a tener nuevos amigos allá donde tal vez se lleve mejor.
Al llegar, se alojaron en su nueva casa, visitando el barrio, pero nada les convencía. Al día siguiente tuvieron que ir al colegio, se veía bastante bien, con chicos buenos, amables, pero Agustín no se sentía cómodo, porque veía que nadie le iba a hablar, ni preguntarle cosas y ni tampoco ir a sentarse con el. Pero pensó que tal vez era así el primer día, que puede ser que cambien las cosas al pasar los días. Llegó a la casa, todos le preguntaban como le había ido, el respondía que bien aunque sabía que ninguno le había hablado, pero lo dejó pasar.
Al pasar una semana seguía estando solo en el colegio, donde muchos de sus compañeros lo veían con cara mala. Él veía que ellos se invitaban a los cumpleaños, que todos estaban juntos en el recreo, etc. y a él no. Entonces le fue a decir al papá preguntándole ¿Por qué al él no lo invitaban a los cumpleaños, no hablaban con el en el colegio, no lo invitaban a sus casas, no lo elegían para los trabajos y además por qué lo miraban con mala cara? El padre le dijo que puede ser que sea porque era nuevo y uno se tiene que ir haciendo amigos de a poco.
Entonces, Agustín decidió seguir haciendo lo que hacía, compartirles lo que el llevaba, ir a hablarles pero seguían rechazándolo. Lo que pasaba era que las profesoras si lo querían por ser buen alumno, entonces él pensó que era eso y dejo de estudiar, y cuando se sacó malas notas seguían sin hablarle. Él ya no sabía que hacer, tenía buenas y malas notas, era amable, trataba de caerles bien, pero no funcionaba. Pasando el tiempo, el seguía yendo a la casa triste y extrañando sus amigos de allá, su ciudad, su casa…
Cuando su papá lo vino a buscar al colegio, se puso a llorar y le dijo que se quería ir de Francia, que no tenía amigos y desde que llegó nadie le había hablado solo una persona diciéndole de donde venía él y se fue. El papá muy decepcionado de haberse mudado porque vio que su hijo no estaba bien, entonces se echó la culpa.
Pero yendo en el auto le pregunto al papá: “¿Papá será que nadie me habla porque soy negro?”
El niño que logró superar su enfermedad por María Paula de l. C.
El 31 de Mayo de 1966, nació un bello bebé. Vivía con una buena familia. Sus padres lo adoraban. Fue al jardín de 9 Lunas. Luego, en 1º grado, le detectaron un problema en la vista, muy grave. Se trataba de que de a poco veía cada vez menos, horrible. Esto lo heredó de su padre. Su vida a partir de allí le resultó más difícil.
En la escuela, todos sus compañeros, salvo algunos, lo burlaban, ya que se sentaba adelante y era el estudioso de la clase. A pesar de todo, era un niño muy bueno, respetuoso e inteligente. Compartía sus amistades con 2 amigos solamente. La madre le tenía mucha compasión, lo quería demasiado.
El chico se sentía muy triste, solo. Sin embargo, a medida que fue creciendo, fue aceptando su discapacidad. El hacía su vida normalmente, jugaba al fútbol, nadaba, se iba de vacaciones…No le daba importancia a las criticas contra el de las demás personas. Hasta llegó a olvidarse de ello, en una charla que tuvo con su padre a la edad de 13 años:
-Hijo, acuérdate de que lo más importante es lo que se encuentra en tu corazón. No lo de afuera.
-Papá, no te preocupes, ya lo comprendo, nunca lo olvidaré.
De esa manera, se dio cuenta de varias cosas, especialmente de toda la gente que le tenían aprecio hacia él, de su bondadosa familia, y, estaba muy contento y agradecido.
Pasó el tiempo, y ahora tiene una hermosa familia que lo ama sin contar su discapacidad y demasiados amigos.
Diferente por Clara G.
A Bashirat le encantaba jugar con muñecas y disfrazarse. Vivía en Nigeria con su mamá y sus dos hermanos, Aamori, el menor, y Eleazar, el mayor. Ella era la única mujer y la del medio, tenía diez años. Su padre había muerto cuando ella era un bebé en la guerra.
A la edad de nueve años su familia partió a Buenos Aires en busca de trabajo. Al llegar se encontró en un mundo totalmente diferente. Aquella ciudad, repleta de altos edificios y gente blanca en las calles la hacía sentir muy confundida. En su país todos eran de raza negra, incluyéndola, y el ambiente de la ciudad era muy calmo. Lo que realmente la sorprendió fue la actitud de la gente, al pasar nadie se saludaba, todos se dirigían a un objetivo particular sin mirar prestar atención a los que los rodeaba, cada uno parecía estar en una burbuja. Bashirat se sentía incomoda, se sentía diferente.
Era el primer día de escuela, su madre había preparado un delicioso desayuno como a ella le gustaba. Se había levantado muy temprano, y casi no había conciliado el sueño en toda la noche por los nervios. Estaba ansiosa, y a la vez nerviosa, quería conocer nuevos amigos y aprender nuevas cosas en el sexto grado. Sus hermanos, en cambio, no tenían ganas de levantarse ni de empezar el colegio. Tan solo habían estado dos semanas en el nuevo hogar y no se habían acostumbrado a la nueva cultura.
Al entrar al colegio todos miraban a Bashirat y a sus hermanos. Todos los niños de la nueva escuela se fijaban en ella como si fuese de otro planeta. Eso la hacía sentirse diferente y tímida. Ni bien se formó en la fila, dos niñas se acercaron a ella, una rubia y la otra morocha, y le comenzaron a hacer muchas preguntas, tantas, que Bashirat no podía escuchar todas. Además, todavía le costaba entender el español. Había tomado un par de clases pero debía escuchar atentamente lo que le decían.
Una de las niñas, que se llamaba Ana, la morocha, parecía simpática y agradable, parecía tratar de integrar a la nueva. La otra, Agustina, la rubia, no era agradable ni simpática, parecía querer atacar a Bashirat de alguna manera. Luego de la formación entraron a las respectivas aulas y las maestras y los alumnos se presentaron. La maestra de sexto grado se llamaba Silvina y era muy dulce. Era joven, tendría unos veintitrés años y medio, era alta y delgada. Sus ojos, celestes, casi transparentes, causaban paz y tranquilidad. Su sonrisa de oreja a oreja, la hacía muy simpática y alegre. Luego de que se presentara la señorita, se presentaron los alumnos, uno por uno. Todos parecían tener algo muy especial, cada uno contaba un poco de su historia, de su familia, sus gustos y costumbres. Bashirat escuchaba atentamente y le parecía muy interesante conocer a sus nuevos compañeros, aunque lo hacía con algo de dificultad. Cuando llegó su turno pareció que todos se callaron y les interesaba mucho lo que ella diría, ya que parecía totalmente diferente. Bashirat habló sobre sus raíces, de donde provenía, su familia y su historia. Algunos de los niños parecían muy interesados en lo que ella decía, como Ana, y otros la miraban con desprecio, como Agustina.
Al llegar la hora del recreo, el timbre sonó muy fuerte y todos los alumnos salieron corriendo al patio. Bashirat abrió su alfajor y comenzó a comerlo. Al instante, se acercó Ana, corriendo. Venía con una sonrisa alegremente le dijo a la nueva que se sentara con ella a charlar. La extranjera aceptó y comenzaron a charlar. Desde ese día Ana y Bashirat comenzaron a compartir muchas cosas juntas y su amistad creció. A pesar de que llevaban una íntima amistad, Bashirat no conseguía relacionarse mucho con sus otras compañeras.
Pasaron un par de meses y, además de que eran ya mejores amigas, el cumpleaños de Ana se aproximaba. Celebraría con una merienda en su casa y luego las niñas se quedarían a dormir. La próxima cumpleañera estaba muy feliz con el tema de que festejaría su cumpleaños como cualquier niña lo desea, y comenzó a repartir las invitaciones. No asistirían más de diez chicas, incluyendo a Agustina y sus seguidoras, aunque eso no influía mucho a Bashirat, ya que lo único que le importaba era compartir el día especial con su amiga, la hacía sentirse incómoda, diferente.
Al llegar el día festivo, todas las chicas estaban muy ansiosas con la idea de festejar un cumpleaños, ya que no todos tenían la oportunidad de hacerlo. Fueron a la casa de la cumpleañera, tomaron el té y llegó la hora de ir a dormir. Habían pasado un buen rato hasta ese momento. Todas se fueron a dormir tranquilamente y también Bashirat. Lo que ella no sabía era que las compañeras le habían tramado una broma pesada de antemano. Siempre se había notado que Bashirat no les caía muy bien ya que no era físicamente como ellas, y decidieron cortarle el pelo. Era muy cruel de su parte y trajo sus merecidas consecuencias. La mamá de Bashirat no podía creer el semejante acto de crueldad que un par de niñas de diez años podían haber hecho.
Estaba angustiada, triste, no sabía qué hacer tampoco con su pobre hija, que era la que más había sido perjudicada. Parecía un varón y ni siquiera pudo ir al colegio de lo afectada que fue. Además el cumpleaños de Ana, que la quería de verdad, había sido un fracaso.
Al lunes siguiente el colegio decidió tomar parte de este asunto y se comentó seriamente el tema en el aula. Al ser cuestionadas, las culpables, dijeron que era por su apariencia, física, porque era “negra”. Luego la maestra, al no poder creer lo que decían las alumnas, habló sobre la discriminación. Dijo que uno no puede juzgar por lo de afuera si no conoce lo de adentro, que todos somos diferentes por más que algunas diferencias resalten más, todos tenemos que ser aceptados. Mencionó también que si ellos se encontraran con dos cajas, cada una con sus particularidades que las hacen muy diferentes una de la otra, con sus formas y colores distintos, ¿no tendrían ganas de abrir las dos? Ellos respondieron que sí. Y por eso uno tiene valorar a todos por sus virtudes y defectos, sin importar lo de afuera, agregó.
Esto hizo reflexionar a las alumnas y decidieron ir a hablar con Bashirat, que por cierto estaba muy mal. Le pidieron perdón de corazón y reconocieron verdaderamente su gran equivocación. Bashirat, con su gran corazón, las perdonó aunque tardó en reintegrarse y comenzaron a ser un grupo más unido.
TOM por Cynthia L
Tom, era un niño de clase baja, pero él nunca se creyó inferior o superior a otras personas. A Tom siempre le había gustado tener muchos amigos y estar acompañado por alguien.
Era el primer día de escuela, y como todos los años Tom se tuvo que sentar solo porque nunca nadie se quería sentar con él. Ese año, en su clase no entró nadie nuevo, lo cual para Tom eso es una decepción porque tenía menos posibilidades de hacer algún amigo.
Cuando tocó el timbre, Tom bajó al recreo, miró hacia ambos lados y vio a sus compañeros charlando todos juntos en una ronda, inmediatamente se dirigió hacia allí. Cuando llegó para hablar con ellos, de pronto todos se callaron y se hicieron los tontos, a Tom no le gustaba que le hicieran esto y no era la primera vez ni seria la última.
Al terminar el colegio, Tom esperó que su madre lo viniera a buscar, sentado en el escalón de la entrada del colegio. A lo lejos veía que venían caminando dos de sus compañeros y él iba a aprovechar para saludarlos ya que estaban solos, pero no, no fue así, Tom les dijo “hola, ¿como les va?” y ellos lo ignoraron y comenzaron a reírse a carcajadas. Cuando llegó a su casa, estaba muy triste, se sentía horrible. Tom no podía entender por qué era que lo despreciaban tanto, por qué lo ignoraban, por qué lo hacían sufrir tanto, él siempre buscaba una respuesta a esto, pero nunca la encontraba.
Tom tenia tres hermanitos más, con quienes compartía su habitación. El era un niño muy solidario, compartía todo con sus hermanos y a veces no alcanzaba la comida para todos y él se ofrecía para no comer y que sus hermanitos se puedan alimentar. El quería mucho a su familia y deseaba mucho tener por lo menos un amigo o simplemente alguien que lo acompañase en los recreos largos y tristes que pasaba solo, que para sus amigos pasaban rápido y eran muy divertidos.
Todos los años Tom pasaba sus cumpleaños sin ningún amigo más que su familia, nunca había recibido un regalo de sus amigos, lo único que recibía para su cumpleaños era alguna artesanía con plastilina que le hacia la abuela, pero para él eso significaba mucho.
Al día siguiente, Tom estaba muy triste porque todos lo ignoraban y nadie lo quería. Justo cuando sonó el timbre, vio que sus compañeros se acercaban a él, parecía que le querían decir algo y así fue. A Tom lo habían invitado a la casa de Larry para festejar su cumpleaños, él estaba muy contento porque pensaba que ya no lo iban a discriminar ni excluir más, así que con una enorme sonrisa dijo que ese día iba a estar allí para festejar su cumpleaños junto con todos sus compañeros.
A la mañana siguiente, Tom despertó muy contento por que sabía que se iba a juntar con sus compañeritos, así que se dirigió hacia la casa de Larry.
Cuando llegó, aguardó dentro del auto y la madre le dijo que si se sentía incómodo o se sentía mal, que la llamara y que ella iba a venir por él. Se bajó del auto y tocó el timbre, lo recibió la mamá de Larry y le dijo que entrara, cuando entró noto que todos ya estaban allí y que él era el último que faltaba.
A mitad de la noche se despertó a causa de que sentía algo en la cara, cuando se miró a un espejo notó que tenía toda la cara mamarrachada y pintada con marcadores, el nene se puso a llorar por que él pensaba que ya se habían hecho amigos pero se lo hicieron a propósito.
La madre de Larry, al escuchar tantos gritos fue a ver qué ocurría y cuando se dio cuenta de lo sucedido, retó a todos los chicos y les ordenó que le pidieran perdón y que prometan que no lo iban a hacer más. Luego de esto, el nene llamó a su mamá y le pidió que lo fuera a buscar.
El lunes, el niño ya no quería ir al colegio luego de lo que le hicieron, pues ya se sentía muy usado y traicionado, estaba decepcionado y triste, ya no quería sufrir más.
Justo ese día tenían que hacer un trabajo para ciencias en el colegio y tenían que estar en grupos, a Tom le tocó estar con todos sus compañeros, quienes lo discriminaban por tener problemas económicos, quienes lo hacían sufrir todos lo días, quienes lo burlaban y por muchas cosas más, pero resultó que sus compañeros se terminaron dando cuenta de que él era un buen chico y que el no tenía la culpa de ser un chico con problemas económicos y que no hay que discriminar a nadie. Y así terminaron siendo muy amigos todos y se perdonaron.
LA MOCHILA DE TIMY por María Lucía M. G.
Timy se había comprado la mochila a la moda, una mochila de color rojo, con franjas azules y blancas. Todos sus compañeros de cuarto grado la querían, pero ninguno la podía comprar por problemas económicos. Timy iba a un colegio aislado de la ciudad, en las afueras. En esa escuelita chiquita, tenía compañeros de origen humilde y la mayoría envidiosos de Timy.
Al entrar al aula ese día, todos los niños del aula lo miraron de manera diferente, y hubo un estruendoso silencio. Siempre lo envidiaban, pero esa vez lo miraron aún con mayor envidia. En un segundo, el niño dudó de haber traído su espléndida mochila al colegio.
Toda la primera y segunda hora de la mañana transcurrieron de muy buena manera; y sonó el timbre del recreo. En el recreo, como de costumbre Timy se quedaba solo, pero ahora, sentía miradas a sus espaldas, miradas aún peores de cuando entró en la clase.
Al volver a la clase, y cuando se sentó en su pupitre para continuar con las clases, notó que su nueva mochila no estaba. Empezó a ver si estaba en otro lado, pero no la encontró por ninguna parte. Entonces, Timy le comentó a la maestra acerca de su mochila. Sus amigos se miraron entre ellos.
-No se va a ir nadie de la clase hasta que no se encuentre esa mochila- dijo la maestra.
-¡Señorita, nosotros no hicimos nada! ¡Dile, Timy, que nosotros no hicimos nada!- dijo uno de sus envidiosos compañeros.
-Yo no voy a culpar a nadie. Tengo mis dudas- dijo Timy.
-Vamos, ¿quién fue?- preguntó la señorita. Después de eso, hubo un silencio y todos se miraron.
-Si no responden, se quedarán aquí a decidir el o los culpables- hubo nuevamente un silencio durante cinco minutos.
-Está bien, me retiraré. Volveré en unos diez minutos
La maestra abrió la puerta, y se fue de la clase a esperar que se resuelva el problema.
- ¿Quién me robó mi mochila?- preguntó Timy
- No sabemos, ni nos importa. ¡Ni vos ni tu mochila! - exclamó otro de los compañeros de Timy; de los que menos quería Timy.
- ¡Sí es cierto! ¡Vete de este colegio, nadie te quiere!- dijo otro.
- ¡Vete!- dijo al mirar a Timy con ira
- Si, será lo mejor, tú y tus problemas váyanse - dijo nuevamente uno más.
Todos protestaban y bufoneaban a Timy, menos uno, que estaba sentado en su banco en la punta de la clase.
La maestra entró a la clase y puso orden porque casi todos los niños, se habían abalanzado sobre Timy. En el momento en el que la maestra trataba de separar a los niños, el alumno que se destacaba por no decir nada y quedarse tranquilo en su pupitre, se levantó y gritó:
- ¡Dejen a Timy en paz! ¡Yo tengo la mochila! Basta, ¡no lo soporto más! - gritando eso, sacó la cara mochila que estaba dentro de la suya y todos se asombraron al verla. Nadie se esperaba que ese chico hubiese hecho semejante cosa.
- Juan, ¿por qué lo hiciste? No tenías razón para hacerlo, ¡Timy nunca te hizo nada! - dijo sorprendida la señorita.
- ¡Es que Timy siempre es el punto de ataque, al que siempre le hacen cosas malas! Y yo lo entiendo, porque a mí, algunas veces también me lo hacen. Yo esperaba que le fuesen a hacer algo a esa mochila por envidia a Timy; entonces preferí que no lo hagan sufrir más y quedármela yo, para después devolvérsela a Timy a la salida del colegio - dijo Juan en su defensa.
- Gracias Juan, que bueno que hayas hecho eso. No me voy a enojar con vos - dijo el dueño de la mochila.
Finalmente, la maestra no le dijo nada a Juan. Sus compañeros que antes no lo querían, ahora lo respetaban y trataban con amistad; eran todos amigos, en especial Juan y Timy, quienes terminaron siendo mejores amigos. Timy se sentía contento de ahora poder ir al colegio sin miedo de tener algún mal encuentro con sus ahora amigos. Siguió llevando su mochila y sus amigos aprendieron a no tenerle más envidia. Y ahora este cuarto grado de un colegio aislado de la ciudad tenía buenos amigos.
TODOS SOMOS AMIGOS, NO IMPORTA EL COLOR DE PIEL por Agustina N.
En un colegio de California, se encontraban varios chicos jugando en el recreo, hasta que sonó el timbre y todos se dirigieron a las aulas. Marcelo, se encontraba en la clase de Educación Física, cuando había que elegir los equipos de basquet. Un alumno del colegio, se dirigió a él para preguntarle si quería estar en el quipo y sin dudarlo contesto que si.
El partido había comenzado y no le dejaban de pasar la pelota. Cuando se acercó al aro para encestar, escuchó un grito que decía:
-Vamos Marcelo, más te vale meterla negro y luego otro grito: `
- Dicen que los negros juegan bien, pero creo que no es tu caso. Marcelo no pudo meter el balón en el aro, y esto motivó una discusión entre los jugadores. Francisco que lo había elegido para su equipo le reprochó a los gritos:
- No sos nadie en este mundo. No conozco a nadie de piel oscura que haya sido famoso, salvo Michael Jackson, y de la vergüenza se cambio el color.
Inmediatamente el entrenador, al escuchar la pelea, retiró de la cancha al que insultaba.
Al finalizar el partido, mientras los demás compañeros se fueron al vestuario, Marcelo se encerró en el baño para llorar sin ser visto, cuando de repente escuchó del otro lado de la puerta voces conocidas. Se asomó y advirtió que eran sus mejores amigos que comentaban lo mal que había jugado y que estaban de acuerdo con Francisco. No soportando tanta humillación, Marcelo llamó inmediatamente a su madre para que lo venga a buscar. En cuanto atendió su mamá, ella le comentó que no podía salir del trabajo y le dijo:
- Entiéndeme hijo, vos sabes lo que cuesta en este mundo conseguir trabajo y ser respetada la clase de persona como nosotros.
Marcelo se sintió peor al escuchar que a su madre le sucedía lo mismo. Esto le dio fuerzas para enfrentar su problema y solucionarlo de inmediato, de manera que no lo sigan discriminando en el futuro.
Entonces se acercó a Francisco y le dijo:
- Por ser de piel oscura no soy menos que vos, ya que a los ojos de Dios todos somos iguales y eso es lo único relevante en la vida.
En cuanto terminó de hablar, todos sus compañeros empezaron a aplaudir y a comentar lo valiente que había sido y que ningún otro chico en la escuela había podido hacer esto antes.
Al día siguiente, Marcelo fue contento a la escuela, ya que tenía otros amigos que lo valoraban realmente. Entonces comprendió que las personas a las cuales llamaba mejores amigos, en realidad no lo eran y actuó en consecuencia. Cuando ellos se le acercaron les dijo:
- No son amigos de verdad. Ustedes solo estaban conmigo por interés, porque querían de mi un buen juego.
De regreso a su casa comentó todo a su familia y reflexionó finalmente: “Fui muy tonto al no haberme dado cuenta antes. Hoy aprendí una gran lección”.
MI DIARIO por Florencia N. C.
Siempre se burlaron de mí por mis orejas. Todos me dicen elefante porque soy gordo (y también por las orejas) pero todo, algún día va a cambiar...
Diario de un marinero pirata
Día 1
Hoy zarpa nuestra nave. Tenemos muchas riquezas y las llevaremos a la isla secreta. ¡Arrr! ¡Qué felicidad!
Día 2
Se acerca una tormenta. Lo sé porque estaba en el palo mayor cuando un viento fuerte me tiró al piso y todos se burlaron de mi diciéndome que mis orejas hicieron de vela y qué por eso me caí.
Día 3
La tormenta no llegó y pudimos seguir con el viaje sin contratiempos (no sé lo que significa pero siempre lo usan en las películas de piratas).
Día 4
Hoy me burlaron más que nunca. Me dijeron que predecía tan mal el tiempo que nunca iba a acertar si iba a llover o no. También me dijeron que mis orejas se inundarían con la lluvia si salía mientras llovía.
Día 5
Ya me estoy aburriendo de navegar, pero, si me retiro, todos me van a decir gallina, pero, si me quedo, voy a tener que seguir aburriéndome porque ya no me dejan hacer nada. Me hacen limpiar el piso. Mejor lo consulto con la almohada. Mañana te doy mi respuesta.
Día 6
Me voy a ir. También le dije a mamá y me dijo que haga lo que quiera. Lo haré, pero, solo hay un problema... ¿cómo se los digo?
Día 7
Ya se los dije. Lo tomaron como una amenaza a si que no me dejaron irme del barco a menos que Tomás el capitán lo ordene. Estoy seguro que no lo hará ya que sabe que no me quiero quedar. También, (y como lo predije) me dijeron gallina y otra vez orejas de elefante. Ya no se qué hacer.
Día 9
Ayer se nos acabaron las provisiones y me obligaron a mi a ir a buscar más. Como no quería hacerlo me ataron al palo mayor hasta hoy a la noche. Me dijeron que si los acusaba me iban a atar 4 días la próxima. Tengo mucha hambre y mis papás me retaron mucho y me dijeron que estaban muy preocupados por mi. Y, como no los acusé, no me van a dejar salir por una semana. ¡¡¡TIEMPO PARA DESCANSAR!!!
Día 18
Vuelvo al barco (qué mal). Pero si no lo hago me van a atar otra vez al mástil. Creo que voy a necesitar juntar fuerzas para enfrentarlos, pero necesito mucho bastante tiempo
Día 20
Se acerca una tormenta y esta vez si estoy muy seguro. Vi rayos en el horizonte. Nadie me creyó y me dijeron que mañana vendrían para demostrarme que no llovería
Día 21
Llovió. Hoy junté fuerzas para hacer un motín (tampoco se lo que significa pero también lo veo el las películas)
Día 22
¡¡¡¡Por fin dejo de llover!!!! Ya no aguantaba más estar encerrado. Todo el tiempo comiendo la sopa fea que prepara mami para calentarnos. En fin, se nos rompió el palo mas grande y una vela pero, no importa; mamá tiene más sábanas. Todavía no tengo la suficiente confianza.
Día 30
Este es mi último día ya que no me voy a permitir sufrir más de un mes. Espero tener suerte.
¡¡¡Al fin!!! Me liberé de esos malvados. ¡Ya no los soportaba más!
Tuve suerte ya que podrían haberme pegado o algo peor. Pero no. Todo salió a la perfección. Es más: ¡me pidieron perdón! Bueno. Nunca hay que decir que algo es imposible. Todo se puede...
Yo (Martín) lo escribí cuando tenía 8 años
OBESO CUATRO OJOS por Juliana P.
Cuando me desperté era un día soleado, los pájaros cantaban y las abundantes hojas verdes de los árboles permanecían inmóviles. Era un día hermoso, pero no quería ir a la escuela. Ya sabía que pasaría lo mismo de siempre, los chicos del curso me molestarían por sólo ser un poco más gordito que los demás y por usar anteojos.
Siempre que llego a la escuela todos me gritan “¡OBESO CUATRO OJOS!”. Yo no les hice nada para que me discriminen así, sólo me juzgan por cómo me veo y no como soy realmente por dentro. Como las cosas no se arreglan solas pensé en hablarles; así que me vestí, desayuné y me dirigí hacia el colegio con el objetivo de poder arreglar las cosas. Pero cuando llegué todo comenzó nuevamente burlas, insultos, cargadas, empujones. Me sentía tan mal, dolido, triste que olvidé emitir una palabra. ¿Qué hacer? ¿Por qué?
Sonó el timbre de salida y se acercó a mí una compañera que era un tanto tímida y dijo: “No te sientas mal, juntos encontraremos la solución”. Me sentí feliz, consolado, ya que tenía una amiga que me quería ayudar a salir adelante, y que no era el único que estaba ahogado en una gran soledad. Llegó el fin de semana y me junté con mi nueva amiga Susana, que antes era sólo una compañera. Nos reunimos para pensar que podíamos hacer para enfrentar este problema; y se nos ocurrió organizar un show de magia donde mi padre, hacía un tiempo me había enseñado unos trucos buenísimos. La invitación fue a todos los del curso y se hacía en la plaza frente al colegio. Todos lo chicos se pusieron de acuerdo para ir pero sólo para humillarme.
Pero para sorpresa de todos se divirtieron, participaron de los trucos, y cuando finalizó el show me dijeron que se habían equivocado conmigo y que querían que fuese uno más de ellos. Muy contento les contesté que squería formar parte de su grupo pero que nunca deben juzgar a alguien sólo por las apariencias. Finalmente me fui a jugar con mis nuevos amigos y le agradecí a Susana por ayudarme en esto.
DOS AMIGAS por Lucía S.
En un castillo viven como criadas varias muchachas, pero una de ellas, Isabela, es una niña sin igual, es buena persona y, sobre todo, sincera con su íntima amiga la princesa Elena. La princesa es una joven muy hermosa de cabello rubio oscuro y ondulado, con ojos azules como el océano, y piel blanca como la nieve; e Isabela se podría decir que es bonita, con su pelo oscuro pero brillante y sus ojos grandes y marrones, aunque lo más bello en ella es su cálida sonrisa.
Juntas comparten todo tipo de actividades que les es posible, andar a caballo, salir de compras para la princesa, y a la hora de dormir, se juntan en la habitación de Elena para hablar hasta dormirse.
Por supuesto saben de los riesgos que existen si las descubren, se la llevarían a Isabela a otro castillo, y la reina, la madre de Elena, se avergonzaría de su hija y no le permitiría salir del castillo por una eternidad. Pero eso es algo que las niñas tratan de no mencionar.
Una tarde, las dos amigas estaban en el jardín cuando aparecieron inesperadamente allí un grupo de chicas que eran hijas de barones, y de duques. Una de ellas se llamaba Sofía, era una especie de líder del grupo de amigas de aquellas niñas, era hermosa pero era muy mala, juzgaba a las personas por sus apariencias y las destruía sentimentalmente con palabras.
Elena les preguntó qué hacían, pero lo único que le dijo Sofía fue que no comprendía cómo podía ser amiga de una pobre, una sirvienta, y comenzó a reírse, al cabo de dos segundos todas las niñas se reían de Isabela…ella, se alejó llorando y Elena la siguió.
La princesa le dijo que no importaba lo que digan esas niñas ricas, ella la quería por cómo era. Así, Elena e Isabel, siguieron disfrutando del día sin importar lo que digan porque ellas eran amigas y se querían por cómo eran.
TODO ERA PERFECTO por Candela T.
Era un sábado a la tarde. Me estaba terminando de bañar, ya que recién llegaba de jugar a futbol con mis amigos. De repente comenzó a sonar el teléfono. Salí rápidamente de la ducha, y medio mojado, atendí. Era Micaela para invitarme a una fiesta que se haría esa noche en el boliche NEW; el boliche con más onda de la ciudad. Micaela era la chica que más me gustaba del barrio, y ella me había llamado…todo era perfecto.
A la noche pasé a buscar a Micaela, estaba realmente hermosa, caminamos varias cuadras charlando de todo un poco hasta llegar a la puerta del boliche. Estaba repleto de gente. Hicimos la fila para sacar la entrada y luego nos dirigimos a la puerta de acceso.
Justo en la puerta se encontraban todos mis amigos y compañeros del colegio. Cuando comenzamos a entrar, el personal de seguridad se dirigió a mí y me dije que yo no podía entrar porque “soy de tez trigueña”. Yo me quería morir, era la noche perfecta para mí y por culpa de la discriminación se me arruinaban todos los planes, además era una vergüenza lo que me estaba pasando frente a mis compañeros, y principalmente a Micaela.
Por suerte cuento con unos amigos que valen oro. Ninguno quiso entrar al Boliche y fuimos a tomar algo a un Pub, Micaela se sentó a mi lado, la pasamos genial y después la acompañé hasta su casa.
Hoy paso a buscarla para ir al cine.
DISTINTA por Camila T.
Ese día lluvioso no ayudaba en absoluto a María. Ella era una niña que se encontraba muy nerviosa ya que era su primer día en el colegio. Todo era desconocido para ella los corredores, el patio, las aulas, y sobre todo los niños que serían sus compañeros.
María era una jovencita de unos diez años de edad. Era muy tímida, sobre todo en esa ocasión en la cual todo era totalmente desconocido para ella. Tenía un largo cabello rubio como el oro y sus ojos eran de un verde intenso.
Cuando ingresó por la gran puerta del colegio todos la miraban, pero ella no lo notaba ya que estaba aferrada a su mochila y con la vista hacia el suelo. Luego de la formación todos los alumnos se dirigieron a sus respectivas aulas y María fue a la que le habían asignado. Cuando entró se sentó en un banco de atrás y levantó apenas la vista para observar el lugar. Al cabo de un rato su maestra llegó y les comenzó a dar la clase. Les contó lo que harían ese año, y que materiales necesitarían llevar, etc. Luego les entregó un cuento el cual debían leer y analizar.
A María ya se le habían pasado los nervios del comienzo y se sentía cómoda a pesar de que no había dialogado con ninguno de los niños de la clase. Luego de haber comentado algunas cosas la maestra explicó que leerían la historia entregada para sacar una conclusión colectiva, y le preguntó a María si podía leerla. La niña empalideció, sus ojos se le pusieron vidriosos como si estuviera a punto de llorar y sus piernas le empezaron a temblar. Trató de pronunciar palabra pero no pudo, lo intentó nuevamente pero no lo logró, hasta que comenzó diciendo – “ha ha ha bíaa… uuu naa vezz”. Todos los niños comenzaron a reírse, con excepción de una niña que estaba en la misma fila de María que se llamaba Sofía. María estaba muy avergonzada lo intentó de nuevo y el resultado fue el mismo. Era evidente que la pobre niña era tartamuda.
El resto de los días María recibió muchas cargadas de sus compañeros, pero ella era tan inocente que no podía defenderse, lo único que hacia era llorar por los rincones.
En uno de los recreos María estaba sentada en un banco comiendo un alfajor como su merienda, y Sofía unas de las pocas compañeras que no se había reído el primer día de clase, se le acercó. Ella la animó y le dijo que no estuviera triste, que ella la ayudaría a integrarse con las demás niñas y que la esperara después de clase. María realmente notó que Sofía sería una muy buena amiga y le alegraba que estuviera ayudándola.
Así fue como al finalizar las clases las dos niñas se dirigieron a la casa de Sofía en la cual se reunieron con otro grupo de niñas, las cuales María las tenía vistas. Las niñas la miraban de arriba abajo y murmuraban entre ellas. Una se levantó y con una cara despectiva le contó a María que para ingresar en su “club de amigas” tenía que saber unas cuantas reglas. Primero le dijo su código, su saludo y finalmente le entregó un papel que contenía un texto el cual debía leer. Todas las niñas sabían sobre que María era tartamuda y lo habían hecho a propósito para que pasara un mal rato, excepto Sofía que realmente quería ayudarla.
María se puso muy nerviosa y trató de leerlo. Mientras las niñas le insistían que lo leyera rápido, porque lo hacía muy lento. María comenzó a llorar y corrió hacia fuera seguida por Sofía, mientras las demás no paraban de reírse y burlarla.
Sofía la corrió hasta llegar a una plaza en la cual se sentaron y conversaron. Sofía estaba muy angustiada, verdaderamente ella no la quería avergonzar, la quería ayudar y no podía creer lo que sus amigas habían hecho. Entonces a partir de ese momento ella prometió que la ayudaría en todo lo que fuera necesario y que le enseñaría a leer y a hablar mejor. También le dijo que no estuviera mal ya que todas las personas tienen defectos, algunas grandes y otros más pequeños.
Es así como las dos niñas se hicieron cada vez más amigas. Cada día después del colegio se reunían y practicaban, leyendo libros o revistas.
María tuvo un gran avance y cada vez se fue integrando más con sus compañeras de clase. Ella fue tomando confianza sintiéndose completamente segura de si misma.
UN CAMBIO DE VIDA por Sabrina T.
Tim había sido en su infancia un niño no muy bueno. Desde pequeño se portaba mal y hacía a su madre enojar. Cuando fue creciendo comenzó a ir al colegio, donde generalmente sus padres recibían quejas con respecto a su hijo y a como trataba a sus compañeros. Él solía hacerlos sentir mal, ya sea pegándoles o discriminándolos. Algunos de ellos eran de otro color de piel o de menor clase, y por eso él los trataba a de forma despectiva e inferior. Sus padres lo habían intentado todo, pero el pequeño Tim continuaba haciendo sus maldades y portándose mal en su casa y en la escuela. Ya no sabían que hacer. Continuó así durante mucho tiempo.
En la adolescencia se torno peor, siguió haciendo lo mismo de siempre. Pero lo peor de todo para sus padres no era eso, sino que sabían que nada podrían hacer mientras que sus amigos lo apoyaran. La verdad era que tenía pocos amigos, pero con ellos lideraba su grado y los demás les tenían miedo. El era un chico apuesto y con dinero, por lo tanto sentía que todo lo tenía. Sus padres siguieron preocupándose en vano durante mucho tiempo hasta que finalmente Tim terminó la escuela y se fue a una universidad lejos de su casa.
Estudió y consiguió un trabajo, pero su corazón permaneció duro, sin sentir pena o remordimiento por lo que había hecho, de nada se arrepentía. Seguiría siendo el mismo, él pensaba, ya que así había conseguido todo en la vida. Ya no veía a sus amigos de la infancia y no se había hecho nuevos amigos, por lo tanto era un hombre solitario. Su vida transcurrió de esa forma, pero a el no le importaba, se sentía conforme con el mismo.
Era un hombre respetado en toda la ciudad, ya que era el jefe de una de las empresas más importantes del país y tenía muchos hombres a su cargo. Pero lo cierto es que era un hombre temido, talvez por eso respetado, ya que era malvado y desconsiderado con sus empleados yo con todo el mundo.
Una noche como todas Tim se fue a dormir en el horario habitual, ya que al día siguiente tenía trabajo. Se acostó y apagó la luz. Estaba durmiendo cuando algo le sucedió: apareció en su casa de la infancia. Veía a sus padres y a un niño, era él mismo. Estaban discutiendo, su madre lo retaba y él, que tendría alrededor de ocho o nueve años, pateaba el piso. Finalmente el niño pateó a su madre y se fue corriendo a su habitación.
Era una situación extraña, ya que los dos adultos presentes en ese momento no parecían percatarse de la presencia del otro adulto, su hijo. Comenzó a reflexionar: pobre su madre, la verdad es que la había tratado muy mal durante toda su vida, mientras que ella le daba todo lo que un niño pueda querer.
De repente todo comenzó a dar vueltas, se estaba mareando. En ese instante la habitación desapareció y volvió a parecer una nueva: su escuela. Allí vio de nuevo al niño, Tim pero pequeño, que trataba mal y le pagaba a otro. Lo estaba insultando por ser pobre. El niño se puso a llorar y Tim se fue. Se sintió culpable nuevamente.
Y durante toda la noche recorrió toda su vida, viendo y sintiendo todo lo que había hecho. Se sentía muy mal, realmente culpable. Sentía una sensación extraña en él, ya que era un hombre que generalmente no sentía nada. Era amor, al prójimo, a su familia y a sus amigos. Sentía esa necesidad de reparar todos los daños hechos. Su cabeza comenzó a darle vueltas.
Y de repente se hallaba en su cuarto, con los ojos bien abiertos. Todo estaba como lo había dejado: la puerta entreabierta, la ropa colgada de la silla y la persiana apenas abierta. Un rayo de luz entraba por ahí, era de día. Intento razonar: parecía no haberse movido de aquella habitación en toda la noche, pero sin embargo el había revivido toda su vida. Talvez fue solo un sueño, pensó, un sueño muy real, por cierto, y que me cambió la vida. Y la verdad es que lo hizo. Desde ese día Tim se convirtió en una nueva persona: era bueno y amable con todo el mundo, se hizo nuevos amigos y visitaba o llamaba a sus padres muy a menudo, algo que nunca había hecho. Llamó a aquellas personas que sabía que había herido para pedirles perdón e hizo buenas obras para la comunidad. De algo estaba seguro: nunca más volvería a discriminar o tratar mal a alguien, ahora era un buen hombre.
LA FELICIDAD ESTÁ EN NOSTROS por Valentina W
Estaba nublado, y era un día muy feo del semestre de julio. Colegio nuevo, vida nueva. Sol y su familia se habían mudado de ciudad.
Sol no veía bien, siempre usaba un bastón blanco.
Llegó en su primer día de clases al colegio “Saint Feline”. Siempre había sido muy buena alumna y compañera. Una vez que llegó al aula, todos los chicos la miraron de reojo. Sol sintió la timidez, y con miedo se sentó en un banco atrás de todo a la derecha.
Llegó una profesora de edad avanzada, pero con mucha energía. -“Buenos días chicos”- dijo con onda. Ella se dio cuenta de que no conocía a Sol, entonces le dijo: - Vení y presentáte. Luego se sentó en su escritorio y ella finalmente se paró y fue directamente delante de todos los compañeros con cuidado para no tropezar.
En voz alta, dijo: - Me llamo Sol, soy su nueva compañera. Soy ciega, así que me gustaría que me ayuden cuando necesite saber en dónde estoy. Les pido que se acerquen a mí para conocerlos mejor. Pregunten lo que quieran.- Todos se pusieron a cuchichear.
Llegó el recreo. Un compañero se le acercó y en silencio, le hizo gestos en señal de burla. Otros compañeros se rieron a la distancia. Obviamente Sol no vio la burla, pero sí, sintió que había alguien al frente y le dijo:-¿quien sos?- Manteniendo su silencio, el chico siguió molestándola hasta que se cansó y se fue. Se sintió incómoda y triste, se daba cuenta que los demás se reían de ella, pero no con ella.
Al día siguiente, las cosas empeoraron; le sacaban la lengua, le hacían burla, la guiaban al baño en vez de al aula. Estaba muy triste. A estos chicos les faltaba algún momento de reflexión.
Y a ella también.
Entonces decidió hablar con la directora. La directora le dijo:”los chicos están en una etapa donde no saben distinguir lo que está bien de lo que está mal. Ya se van a dar cuenta de a poco.”
Sol se dijo: Aprenderé en adelante que la tristeza y la felicidad, sólo dependen de mí.
LA SALVACIÓN por Bautista D.
Todo comenzó una tarde que me reunía con mi amigo de hace muchos años, de más edad que yo. El siempre me contaba que de chiquito no tenía amigos y lo discriminaban, por su religión y color de piel. También fue uno de los sobrevivientes de la persecución a los negros de 1900. Y por eso decidí narrar esta historia, para acabar con la discriminación y contar un hecho terrible.
Roussel, es un hombre de 50 años, que había sido adoptado. Tenía ascendencia de musulmanes, que habían sido traídos a argentina para ser esclavizados. A los 30 tuvo que soportar una terrible matanza. El cuenta que esta duro más de 2 meses, y lo único que tenía para comer eran comidas enlatadas, que no sirvieron de mucho, ya que pasó hambre. Tuvo que soportar ver cómo apuñalaban a la madre y luego como tirotearon al padre, y también vivir durante 2 meses en un cuarto bajo tierra con 20 personas más, y lo único que deseaban era que terminara esa terrible masacre. Desde ese sótano podían ver cómo perseguían a toda esta gente, que corrían de desesperación para no ser asesinados. La mayoría de asesinatos fueron a sangre fría y con armas blancas. Estos asesinos eran grupos de personas de barrio, que salían de a 10 personas con navajas, tenedores y chuchillos a perseguir a estos pobres morochos, que no podían escapar. Los llantos de desesperación se oían hasta en los edificios más altos.
Al cabo de más o menos 2 meses, Roussel notaba que los policías iban en busca de los blancos, asesinos. Luego de ver este episodio, decidieron todos a salir de vuelta a la superficie. Para ellos fue duro ya que podían ver todos los restos de compañeros suyos y cada vez se enfurecían más. Algunos de este grupo de esclavos enloquecieron y decidieron matar por venganza.
Mi amigo, fue adoptado en 1997, por una familia inglesa que vivía en Argentina. Ellos mandaron a su hijo adoptado de 37 años a hacer un curso de arte. Allí el primer día que llegó, fue tratado bien por todos, pero esto no duraría, ya que a la semana siguiente, entraría una persona que participó de esa persecución. El día que arribó miró fijamente al musulmán, y se preguntó en voz alta, qué hacía un inmigrante en un instituto para gente blanca.
Rápidamente Ruossel contestó que se callara o si no, lo golpearía. El provocador llamado Ramón dijo: –no puede ser que hayas sobrevivido si yo maté a cada negro que vi- Roussel rápidamente después de haber oído las palabras de Ramón lo golpeó en la cara. Ramón lleno de ira siguió provocando, dijo que el asesino de los padres del sobreviviente, había sido él y que lo hizo con gusto. Roussel con mucho enojo juró que se vengaría de este.
Los dos siguieron yendo al instituto, pero al cabo de un mes Roussel lo dejó. Su venganza seguía en pie. El día del desfile de la conmemoración de la matanza, este apareció, luego de haberse escondido por varias semanas planeando como lo mataría. Este había alquilado, durante esas semanas, un apartamento, en un edificio que estaba en la calle del desfile. El sabía que Ramón actuaría en el desfile, llevando una carroza. Cuando caía la tarde, se acercaba el comienzo de este, Roussel situado en el apartamento, esperaba que lleguara la hora de apuntar al blanco.
A las 22.00 hs, el asesino esperaba la llegada de Ramón. Y así fue, como Ramón se arrimó con su carro a la ventana del edificio, y Roussel le apuntó al pecho. El tiro pegó justo en el blanco, la gente miraba con asombro y no podía creer lo que pasaba. Ramón cayó lentamente, quedó sin palabras y así fue como murió.
Los integrantes de la clase de arte, sorprendidos con el hecho, buscaron encontrar hipótesis de la muerte. Al principio, no se acordaron que aquel sobreviviente había jurado vengarse. Pero luego, uno que había estado presente el día que juró venganza, llamado Carlos, se acordó de que, ese compañero, lleno de ira, había jurado vengarse.
Esta información fue llevada a la comisaría, allí investigaron la causa. Los comisarios Gómez y Salvucci, fueron a la casa de la familia inglesa, para buscar a Roussel y sacarle informacion. La familia les abrió la puerta, y los invitó a pasar. La madre adoptiva del asesino, Caroline, les preguntó a los oficiales por qué razón estaban allí, estos le dijeron que querían hablar con el hijo.
Ella, casi sin voz, les contestó que se había fugado desde aquel desfile de la semana anterior. Los policías, ya casi seguros de que el asesino había sido Roussel, la última idea que se les ocurrió para concretar este pensamiento, fue investigar estructuras cercanas a el lugar del crimen. La mayoría de estructuras eran edificios, ya que era una zona de comercios. Tuvieron que poner a todos sus hombres a revisar los edificios. En lo más alto de un edificio, que estaba a la derecha de la calle, encontraron un arma con silenciador y una remera oscura, que supusieron que era para pasar de desapercibido. La remera, se terminó llevando a la casa de Caroline, para que reconociera que era del hijo, ella la reconoció.
La policía local buscó por todas partes de aquel pueblo, Ramallo, situado a 2 horas de capital federal. Allí buscaron en cada descampado que encontraban, cada rancho, campo y pastizal, pero no encontraron nada.
El 24 de abril de 1998, Roussel arribó a mi casa, diciéndome que lo ayudara a escapar ya que nunca había parado de buscar. Al principio no entendía de qué me hablaba, pero luego me contó la historia. Yo me quedé con la boca abierta, porque no podía creer lo que me decía, un hombre que había sufrido viendo como mataban, ahora matando. Por mi parte no tuve más remedio que avisar a la policía que el asesino de aquel Ramón Pérez estaba en este momento en mi casa. La policía no tardó en llegar, lo sorprendieron a Roussel en la parte trasera del hogar afilando un cuchillo, con el que supusieron que mataría a su amigo, porque lo habría escuchado delatándolo, pero el tiempo no lo acompañó. La policía le apuntó con un arma en la cabeza, amarrándolo de atrás, rogó que no le hicieron nada, pero lo sometieron a cadena perpetua. La familia de él y yo rogamos que no lo condenaran a muerte. Y aquí estoy junto a el y el comisario relatando esta historia.
FIN
INFANCIA CORROMPIDA por Lucas G.
Era un día como cualquier otro para John, un niño de 13 años, pero lo habitual para John no lo era para los demás. Todo empezó el día que nació, por un problema de gestación él salió con una deformidad en la piel, haciéndolo parecer un monstruo. A los 4 años de edad entró al Jardín; desde allí todo salió mal. Los niños de todas las edades lo burlaban pero con el tiempo aprendió a guardarse su enojo hacia la sociedad, hasta aquel 6 de julio de 1996. Antes de dejar la casa en que había sido criado, dejo una nota diciendo:
“Madre nunca te podré compensar por todo lo que me has dado y tampoco a mis 2 hermanos, me voy para sacarles una carga y humillación de encima. Les pido perdón por todo lo que les he hecho sufrir y cuando llegue el momento volveré, pero sólo después de cumplir mi cometido. Una persona como yo no puede encajar en esta nueva sociedad tan perfeccionista, entonces ya que yo no podré cambiar mi forma de ser tendré que cambiar la de ellos. Y otra vez les pido perdón por lo que hice y haré”
John crewar.
Desesperadamente la familia lo buscó pero sin mucho apoyo de la policía no pudieron encontrarlo. Luego de tres meses se llegó a la conclusión de que había muerto. Todos siguieron con su vida normal en especial los que habían desencadenado los problemas de John, sus compañeros de clase. Ellos perseguían atormentando a los niños por raza, religión, facciones faciales etc. Pero lo que ellos no sabían era que alguien los observaba.
John no había muerto solo había escapado a un bosque detrás de los terrenos de una escuela. Y allí aguardó hasta que un día vio que una banda de adolecentes golpeando a uno menor que ellos por ser de otra religión. Tal fue la paliza que lo mataron a golpes, luego se rieron y lo dejaron tirado. Esa risa malévola y soberbia desató un sentimiento de ira que John no había experimentado jamás, ya habían pasado 6 años desde su huida de casa, ya tenia la edad y fuerza suficiente como para empezar.
En lo noche se metió en la cuidad y robó, un cuchillo, un arco con una gran cantidad de flechas y por último una chaqueta negra que le cubría la cara. Luego empezó la carnicería. El había recordado con gran precisión donde vivían los que lo habían atormentado y los que atormentaban a otros. Su primer victima fue Paul Crymer ahora un adolecente malcriado viviendo como si el fuera el ser superior. Con la delicadeza de un tigre cazando se metió en su cuarto y aguardó hasta que se despertara. Sobresaltado Paul se levantó con un dolor fuerte de cabeza pero antes de que se pudiera dar cuenta de la presencia en su cuarto su arteria yugular fue cortada impidiéndole el habla. Lo único que vio fue una figura saltar por su ventana.
Asi siguió con su lista, la siguiente fue Lara Swan. Una hermosa pero discriminadora mujer su entera vida se basaba en agredir a los que tenían alguna deficiencia y no tenía piedad con sus acciones. Así fue su muerte sin piedad por mano del fruto de sus insultos .ella fue encontrada colgando de un fino alambre sujetado a su cuello y con múltiples cortes.
El siguió así y el mundo lo conoció como J-C por su verdadero nombre su identidad fue descubierta cuando asesinó al alcalde de la ciudad y una de las cámaras pudo reconocerlo. El pánico se sembró en la ciudad y la mayoría de sus ex –compañeros huyeron al exterior pero él se las arreglaba para cazarlos como los animales que eran. Un año después del inicio de su venganza se habían perdido 65 vidas pero él seguía.
El hombre ya era como una sombra, mataba con flechas disparadas desde una distancia de 200 metros y acertaba en la cabeza. Ya se había convertido en una máquina de matar y así siguió hasta limpiar la ciudad de corruptas y engreídas personas. Esto le tomó sólo 4 años después como prometió volvió con su familia pero ellos habían sido “exiliados” de la comunidad por las acciones de su hijo. Al verlo su madre sorprendida lo abrazó y luego le preguntó por qué había hecho todo. El, sin temblar, respondió con otra pregunta “¿Cómo está la ciudad sin todas estas vidas?” la mujer que lo crió se calló, pensó por un rato y luego habló. Ella dijo que las madres educaban a sus hijos para no hacer lo mismo que hacían los de tu generación. Pero matar no era la forma. Con mucha tranquilidad John explicó que ellos habían matado su infancia excluyéndolo, burlándolo y maltratándolo. Por desgracia para John un policía llegó a su casa para hablar con su madre y lo vio.
La policía visitaba la casa Crewar regularmente, pero John casi sin pensarlo arrojó un cuchillo que mato al policía. La madre aterroriza al ver en lo que se había convertido su hijo salió llorando. Al ver el actuar de la mujer que lo había criado con tanto amor John pudo ver lo que era, un ser violento y repulsivo que su único accionar era matar. Sin dejar que el monstruo que tenía siguiera actuando huyó por segunda y última vez. Al llegar a su refugio, a la mitad del bosque, escribió una carta diciendo como lo habían maltratado los jóvenes y también cómo había sido su venganza, de la misma forma que él arrebato tantas vidas él se quito la suya.
Algunos dicen que era un demonio, otros que fue un revelador, pero solo fue un niño con una infancia interrumpida y llena de tantos terrores que no me alcanzaría la vida para describirlos.
En estos tempos la historia d J-C es utilizada por madres para enseñar un mensaje sobre la discriminación pero hay pocas personas que siguen con la creencia de que John Crewar sigue vivo.
Quince años después se encontró a un joven con las letras “J. C” grabadas con un hierro al rojo vivo en el pecho, colgando de un fino alambre sujetada a su cuello.
¿Se repetía la historia?¿ John Crewar sigue vivo? En la opinión del hombre que encontró su carta es una posibilidad pero John me ha dejado un gran legado de conocimientos no se trata de la venganza sino de sus esfuerzos de crear un futuro mejor para los jóvenes como él, y yo voy ha seguir con su misión.
FIN
CALFU por Nicolás G.
El cielo gris caía sobre la ciudad de Buenos Aires, invadiendo mercados, casas, edificios, lugares públicos y escuelas, tanto privadas como públicas. En estas escuelas obviamente había niños, y en como todos los colegios había discriminación entre algunos.
Era el primer día de clases, todos los alumnos estaban sobresaltados y parecían alegres al encontrarse con sus compañeros y amigos; o al menos eso simulaban. Al formar en el patio notaron que había un niño nuevo de piel oscura y con facciones de aborigen.
Cuando llegaron todos a la clase, la maestra les comunicó que había un niño nuevo entre ellos, llamado Calfu. Al decir este nombre, los crueles niños comenzaron a reírse a carcajadas y a burlar al niño nuevo por como se llamaba. La maestra trató de frenar las burlas y las carcajadas pero no pudo consigo y soltó una risita. El niño aborigen tenía los ojos llorosos y parecía que iba a explotar de lo que estaba ocurriendo, pero trató de no prestarles atención a sus pares ni a la docente.
A pesar del triste papel de todos dentro de la clase, el tiempo del aprendizaje continuó y se suspendió al llegar el recreo. Al salir todos al patio, el niño fue rodeado por sus compañeros que le preguntaban de donde provenía ese nombre tan feo y extraño. Él explicó que su nombre era mapuche ya que él pertenecía a esa tribu, que significaba azul y que no era para nada feo ni extraño. A esta contestación los otros se echaron a reír y empezaron a discriminarlo diciéndole “aborigen”, “negro” y que por qué estaba ahí con ellos si era de los “indios esos”. Llorando, éste les dijo que el gobierno había desalojado a todos los Mapuches de sus tierras para venderlas al extranjero y ganar dinero para su bolsillo; es decir, para sus gastos. Pero el timbre de vuelta a clase interrumpió la charla y tuvieron que volver a la clase para seguir trabajando.
Luego del paso de las horas ya era tiempo de que volvieran todos a sus hogares y hacer lo que le tocaba a cada uno. Cuando Calfu llegó a su casa llorando por lo pasado en la escuela, los padres preocupados le preguntaron qué le pasaba y él les contó sobre la discriminación por parte de sus compañeros. Sus padres le explicaron que se tenía que hacer valer y respetar porque todos son personas con los mismos derechos iguales. Después de esta conversación, el niño razonó y comprendió que era verdad lo que le habían dicho sus papás y que al día siguiente se los iba a comentar a los del colegio, para que no lo discriminasen más.
Al día siguiente, cuando vio a sus compañeros les fue a expresar que no lo tenían que discriminar más por ser de piel oscura y aborigen, porque él tenía los mismos derechos que todos ellos. Debido a esto, los niños y la maestra reflexionaron y comprendieron que lo que decía Calfu era cierto, así que le pidieron disculpas y el mapuche los disculpó. Finalmente, Calfu fue integrado al grupo y terminó siendo amigo de todos los compañeros.
FIN
LA DISCRIMINACIÓN por Agustín I.
Sebastián, un chico de Buenos Aires, Martínez, tenía un hermano mellizo. Los dos tenían un problema mental desde chicos, aunque su hermano tuvo que repetir un par de años, Sebastián pudo mantenerse en su nivel académico. A pesar de que no tuvo problemas para poder llevar la corriente a sus compañeros en los estudios, todos los chicos se burlaban de él por su discapacidad, lo molestaban, lo cargaban y hasta a veces le pegaban ya que tenía una maestra que lo ayudaba y, según los chicos, tenía las cosas mucho más fáciles. No sólo a él sino que a su hermano también le pasaba lo mismo, en su curso lo molestaban por las mismas razones.
A pesar de su interés en adaptarse, los chicos se negaban a integrarnos. Tal vez por ser diferentes o quizás estaban celosos de la atención que tenían. Sebastián intentaba explicarle a las maestras lo que ocurría pero no lo entendían, hasta había momentos en que le agarraban ganas de largarse a llorar y empezar a romper todo lo que veía. Los padres trataron de hablar pero los chicos los seguían molestando pasara lo que pasara.
Un día, los dos hermanos se armaron de valor, juntaron a todos sus compañeros y les explicaron como se sentían con respecto a todos sus abusos e insultos. Trataron de hacerlos entender sobre su situación social y emocional, que no por ser diferentes los tienen que discriminar de esa forma tan ofensiva.
Sus compañeros se quedaron sin habla, no sabían que Sebastián y su hermano sintieran eso, ellos lo tomaban como un juego, un chiste.
Sin embargo, luego de un rato los chicos se dieron cuenta de que lo que dijeron los dos hermanos era cierto, los molestaban todo el tiempo sin razón y no se daban cuenta de lo mal que se sentían al molestarlos. Sebas y su hermano se sentían orgullosos de ellos mismos.
Al día siguiente, todos sus compañeros decidieron una sincera disculpa por todos sus aprovechamientos de los últimos años. Ellos aceptaron amablemente las disculpas, no fueron rencorosos con respecto a este problema. Desde ese día tuvieron amigos, se divertían con ellos, jugaban y hacían cosas en grupos.
Esto enseña que no por ser diferente, de otra raza, color o religión, hay que tratar mal a los demás.
POR MI TALENTO por Lucas S.P.
I
En la escuela Wolf todos los chicos juegan muy bien al futbol, y por todo lo que jugaban la escuela se vio obligada a poner una cancha para que los vidrios pasaran por lo menos una semana sanos. Todos amaban la cancha y la cuidaban más que al resto de su escuela, que estaba por primera vez impecablemente blanca y sin golpes de pelota que dejaban un montón de marcas negras.
Esta cancha había sido una buena inversión para la escuela y para los chicos que ahora tenían donde entrenar mientras las chicas usaban el patio para correr y saltar la soga. Pero había alguien a quien no le gustaba el futbol y mucho menos la canchita, era Pedro un chico de doce años, todos se reían de él porque no tenía talento para el fútbol. Nunca entraba a la canchita porque los demás le tiraban pelotazos, en especial Martín que era el mejor jugador de su curso y se reía de Pedro en cada ocasión que encontraba.
Pedro buscó formas de mejorar en el deporte, no porque le gustara sino porque quería ser aceptado por el resto del grupo, pero su condición económica no se lo permitía apenas pudo comprar una pelota pequeña para entrenar en la calle con su hermano de siete años, que siempre le ganaba. Esto solo provocó más burlas en la escuela.
Pero eso pasó hace un tiempo la verdadera historia empieza cuando Pedro recibe una invitación de cumpleaños, no había visto de quién era ya que se había detenido a ver el signo de la cara escuela de fútbol donde él quería ir, pero lo más raro fue cuando leyó el nombre del cumpleañero: era de Martín ¿Por qué Martín lo invitaba a su cumpleaños? Era la primera vez que lo hacía, tenía que ser una broma solo para molestarlo por no poder entrar a esa escuela de fútbol y Martín podía hasta hacer su cumpleaños allí. En ese momento entró Martín con una torta en forma de pelota de futbol y después de cantar el “Feliz Cumpleaños” repartió un pedazo a todos menos, como era de esperarse, a Pedro que tuvo que tomar un pedazo sobrante. Esa torta era comprada en una pastelería y estaba deliciosa, mientras tanto Pedro tenía que festejar, si le podía poner dulce de leche, con una Exquisita seca.
Llegó el día del cumpleaños, Pedro se puso su única ropa deportiva que era en realidad una remera blanca y unos pantalones sueltos con sus únicas zapatillas. Caminó dos cuadras hasta la parada del colectivo que lo llevó a dos cuadras del lugar del cumpleaños. Llegó y una entrenadora lo llevó a una habitación llena de globos y con dos mesas con comida y una torta que representaba un partido de fútbol y un equipo con dos referees eran las velitas. Todo estaba impecable, al rato llegó otro entrenador con una pelota nueva que puso al lado de un enorme cajón con grandes cajas menos la de Pedro que era un llavero. Bajaron a las canchas y eligieron dos capitanes uno era Martín y el otro era Gonzalo, eligieron primero a los mejores, luego a los intermedios luego a los malos y después quedó Pedro en el equipo de Martín.
Fue un desastre desde el principio todos jugaban, amagaban y pateaban como profesionales; menos Pedro que no recibía ni un solo pase ni podía quitarle la pelota al otro equipo. Al final del partido Lucho se vio acorralado y paso la pelota a Pedro que estaba cerca del arco, Pedro iba a patear al arco cuando Martín salió corriendo tras la pelota y se la quitó de un golpe. Pedro no vio bien que pasó pero se dio cuenta de que Martín había metido el gol porque todos estaban con él algunos pasaron corriendo y empujaban a Pedro para llegar con Martín.
Luego del fatal partido fueron a cortar la torta y pasó lo mismo que en la escuela, Pedro tuvo que esperar para poder tocar un pedazo de comida y la torta era mejor que la otra. Todos se fueron menos Pedro que tenía que esperar que su padre pasara a buscarlo luego de trabajar. Pedro se acercó a Martín para preguntarle por que le había quitado la pelota y él le contestó: “Porque alguien como vos habría fracasado, yo por lo menos tengo un gran talento” luego hizo una mueca y se alejó dejando a Pedro solo envuelto en sus tristezas y decepciones, pensaba que Martín se disculparía pero igual esperaba una respuesta parecida.
Esa noche no pudo dormir, la frase de Martín rondaba en su cabeza y no podía olvidarla… “alguien como vos habría fracasado” esa fue la parte más dolorosa. La mañana siguiente él estaba destruido su padre creyó que estaba enfermo y no lo mandó a la escuela. Pedro estuvo tan tranquilo y contento que su padre preguntó qué pasaba y él le contó sus problemas y al terminar se echó a llorar, al ver su tristeza su padre tomó una drástica decisión…
II
Pedro estaba sentado viendo la televisión y al no encontrar nada empezó a hojear un viejo álbum de fotos y se detuvo en las de la escuela Wolf, vio su foto y la de Martín haciendo gestos ridículos detrás de él. No lo veía desde que su padre lo había sacado de esa escuela hacía dieciséis años pero él juraría que lo vio una vez en un estado deplorable trabajando en un sucio restaurant de comida rápida en la ruta a Mendoza donde había conocido a su esposa, que era una famosa escritora mundialmente reconocida por sus poemas.
Por eso, tomó el teléfono y llamó al viejo número de Martín. Tardaron un rato en contestar pero finalmente lo atendió una grave voz: “¿Hola? ¿¿Quién molesta??”. Pedro respondió que él era un antiguo compañero de alguien que vivía allí y quería saber su número, el hombre de voz ronca contestó que él había vivido allí toda su vida. Pedro no pudo contenerse: “¿¡¿¡Martín?!?!? Todavía vivís allí. ¿¿Que te pasó???. Zona horrible.” El contestó “Ah sos vos, no te voy a contar toda la historia porque seguro me llamás para restregarme en la cara que tuviste suerte, pero en realidad todos los clubes de fútbol me dijeron que no tenía lo suficiente y que quería jugar yo solo en el equipo. No pude conseguir un buen trabajo porque no terminé el colegio para jugar en un equipo… del que me echaron.” Pedro solo pudo decir “Qué lástima”. Pero Martín no estaba calmado “¿Pero…por qué te hablo? ¡¡¡¡Vos sos un presumido, y si me volvés a llamar te busco y ya no te vas a creer tan afortunado!!! Martín colgó y Pedro se quedó sentado reflexionando hasta que llegó su hija y le dijo que ya estaba la comida.
FIN
LOS AUDÍFONOS DE MARTÍN por Nicolás P. H.
Había una vez, un chico llamado Martín que nació con una disminución en su audición, por lo tanto, desde pequeño utilizó audífonos para poder escuchar todo tipo de sonidos.
Los padres de Martín llegaron a un acuerdo, que era llevarlo a un colegio de buena educación. Al entrar a 1º año de EPB tenia un físico y una estatura propia de su edad, y al tener el pelo largo no se le veían los audífonos. Por suerte pudo establecer una buena relación con sus compañeros. A los 15 días parecía que hubieran sido amigos de toda la vida.
Un día Martín llegó al colegio con el pelo corto. Sus amigos al darse cuenta de que llevaba audífonos en sus dos oídos comenzaron a cargarlo. Él se sintió muy mal ante lo sucedido y se lo fue a contar a la maestra. La señorita tomo la decisión de juntar al grupo para contarles lo que le sucedía a Martín, explicándoles lo que es la discriminación.
De esta manera los chicos comprendieron lo sucedido y nunca más volvieron a cargarlo ni a dejarlo de lado por su dificultad
FIN
UNA HISTORIA por Nacho y Rodrigo
Había una vez un chico llamado Juan. El iba al colegio que quedaba a siete cuadras de su casa. El iba todos los días al colegio en bicicleta y siempre sus "amigos" le tiraban cosas mientras manejaba su bicicleta.
Cuando llegaba, los compañeros lo tiraban al suelo y le empezaban a pisar la espalda. Cada vez que los profesores se iban del curso, sus compañeros lo lastimaban con tijeras. Un día, Juan se cansó de que lo maltrataban y les dijo a sus padres lo sucedido. Los padres llamaron a la directora y le contaron.
Al día siguiente, la directora entró muy enojada al curso y suspendió a todos los compañeros. Luego de unos días, todos sus compañeros le pidieron perdón y le llevaron un regalo para compensar lo sucedido. Juan los perdono y todos fueron amigos sin pelearse.
FIN
LA FAMILIA Y LOS AMIGOS por Agustín V.
Pedro, vivía en una comunidad de bajo nivel económico pero sus padres se esforzaban por su educación. Él empezaría primaria en una buena escuela donde había mucha diferencia social y muchos de sus compañeros vivían en elegantes casas y poseían lujosos autos.
El primer día, en la clase de Biología, la maestra organizó un proyecto acerca del agua para que los chicos se fueran conociendo y, a Pedro le tocó con María, Juancito y Martín. Cuando salieron al patio acordaron el lugar en que se reuni-rían.
-En mi casa no se puede-dijo María- papá anda en una reu-nión en Filipinas y mamá tiene que ir al desfile de Ricky Sarkany-
-En la mía tampoco-acotó Martín- mi papá tiene que ir a jugar un partido de polo y no queda nadie en casa-
-Yo no pude pagar el agua y se nos va a complicar-dijo el pobre Pedrito.
Los compañeros de Pedro lo miraron con una cara rara ya que para ellos era algo inusual no poder pagar el agua. Él se sintió amargado al ver que sus amigos lo estaban discriminando. Pero, Juancito sintió una gran compasión por el otro niño y propuso que su casa fuera el lugar de la reu-nión.
Más tarde, en la hora de deportes los entrenadores acordaron un encuentro futbolístico con otros colegios. Jugaron un torneo y el colegio de Pedro llegó a la final. Estaban perdiendo y a Pedro todavía no lo habían puesto a jugar. Entonces, Juan se acercó al entrenador y le dijo:
-Mire, póngalo a Pedro, creo que debe jugar y queda poco tiempo. ¿Qué hay por perder?-
-Cierto- respondió el entrenador y exclamó- Pedro ven aquí y entra a jugar-
Pedro entró con un gran entusiasmo y en los últimos minutos convirtió dos goles increíbles que le dieron la victoria a su equipo. Al final, el profesor de gimnasia los felicitó a todos y, Pedro ganó un excelente amigo. Todos los compañeros lo abrazaron y él se sintió finalmente aceptado. Pedro volvió contento a su casa y comentó lo sucedido, su madre le habló acerca de diferentes valores y resaltó, que la familia y los amigos son mucho más importantes que el dinero.
FIN
La ilustración del encabezamiento es de Fred Gwynne
HACIENDO HUELLAS
HISTORIAS PARA QUE LA DISCRIMINACIÓN ESTÉ NADA MÁS QUE EN LOS CUENTOS
Cuando se habla del OTRO a veces estamos tentados de pensar que es alguien que está lejos, que pertenece a etnias desconocidas, a lugares que nos son ajenos. Sentimos algo similar a lo que se les habrá pasado por la cabeza a los habitantes del Viejo Continente cuando los viajeros del siglo XV les narraban las historias de estas tierras.
El otro se asimila con lo lejano, con lo diferente y no es así. En la convivencia diaria en las aulas el otro es mi compañero de banco, es el que necesita que lo ayude o que simplemente comparta con él el recreo, es el que me dice si algo de lo que hago está mal o está bien. Caemos con facilidad en la tentación de conmiserarnos con los necesitados, los pobres, los sin techo, de una manera abstracta globalizamos nuestros sentimientos sin descubrir tal vez que al que está a nuestro lado le molesta que le pongan apodos, o lo juzguen por cómo se viste.
En la novela "Cartas del diablo a su sobrino" C. S. Lewis hace decir al demonio que el paciente (el ser humano) debe vivir una espiritualidad alejada de la realidad para que no note las necesidades, gustos o deseos de quienes lo rodean en la vida diaria. Para evitar caer en lo que propone este personaje es que abordamos HACIENDO HUELLAS, con la inquietud de que todos tomemos conciencia de que EL OTRO ES = NOS OTROS.
miércoles, 28 de julio de 2010
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